Editorial Junio 2024

De manera permanente, las instituciones educativas de nivel superior, tienen el compromiso de que sus egresados, no solo cuenten con los conocimientos adecuados, sino que también, estos conocimientos puedan ser utilizados para una etapa productiva ya sea en el sector laboral, emprendiendo o transitando a un posgrado, sin embrago, actualmente estamos obligados a repensar los modelos educativos y dar una nueva dimensión al valor que agrega cursar estudios universitarios. En este número, tenemos acceso a información que nos permitirá entender y mejorar nuestra función académica, al profundizar en algunos desafíos que presenta la educación universitaria.

El primero, tiene que ver con las características generacionales, en donde la inmediatez para conseguir las cosas, parece ser una premisa de los estudiantes actuales; esta característica, debe ser entendida, considerada y eventualmente solventada por los profesores de nuestras instituciones, cuya brecha generacional puede estar definida de una a tres generaciones de distancia, y en donde el tema de habilidades digitales entre generaciones, empieza a ser relegado por la capacidad de adaptar los contenidos a ésta practicidad juvenil, que nos obliga a pensar, como el conocimiento debe llegar más rápido y en paquetes atractivos para nuestros estudiantes.

El segundo, ésta relacionado las competencias que deben adquirir nuestros alumnos, no solo el conocimiento técnico propio de su programa de estudio, sino las que actualmente son más valoradas en el campo laboral, las que les permiten compartir el conocimiento adquirido, expresar y defender su punto de vista, interactuar en contextos intergeneracionales, asumir responsabilidades y entregar buenos resultados, cuando menos. Estas competencias se forjan desde la familia, en cosas tan impensables como el tipo de música a la que estamos expuestos desde niños, la identidad que vamos generando y que se va moldeando a nuestro paso por las universidades o recientemente, por la pandemia.

Finalmente, la inteligencia artificial, la necesidad de contar con nuevas formas de generar y mantener la energía, los avances en investigación y la capacidad de simular procesos complejos, aderezan el quehacer universitario, empujando la necesidad de que nuestras instituciones sean más ágiles, flexibles, innovadoras y abiertas a probar nuevos caminos.

Los modelos universitarios enfrentan retos sin precedentes que requieren una adaptación continua y un enfoque innovador. Seguro estoy que el ecosistema universitario de Guanajuato, articulado a través de nuestra COEPES, ayuda a que las universidades actúen como catalizadores de cambio social y económico en sus comunidades. En conclusión, los desafíos que enfrentamos son grandes, pero también lo son nuestras capacidades y nuestro potencial. Las universidades de Guanajuato están llamadas a liderar con visión, innovación y compromiso social, preparando a las nuevas generaciones para construir un futuro más justo, equitativo y sostenible. La tarea es ardua, pero juntos, con la colaboración y el esfuerzo colectivo, podemos lograrlo.

Aldelmo Reyes

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